La Reina de la Sal

 

Reina de la sal

Un día en clase. mi profesor de psicología hablaba sobre las fobias y el poder del miedo, como es que una persona puede sentirse extremadamente ansiosa después de ser expuesta a al objeto de terror. Nos mencionaba que el miedo puede apoderarse de nosotros en distintos grados, desde el simple hecho de escuchar el objeto de miedo, imaginarlo, o ver una fotografía o dibujo. Mientras se levantaba y paseaba sigiloso entre los pupitres, yo me perdí en sus palabras, no tuve que pensar mucho sobre mi más grande fobia, sobre mi mayor temor;  sentí como mi boca se secaba, mis manos empezaban a sudar y empezaba a manifestar un escalofrío que provocaba un movimiento de hombros involuntario y muecas de asco y terror… Escuché al fondo mencionar a Freud y conceptos básicos de psicología cognitiva conductual cuando un chasquido de dedos me despertó a la realidad y una voz aguda me dijo – y tú, ¿A qué le tienes miedo?, ¿cuál es tu más grande fobia?

-A las babosas -contesté inmediatamente-, bueno no solo a las babosas, también a los caracoles y a los gusanos, o las lombrices, bueno a todo eso que se mueve y se arrastra.- ¿También a las serpientes? dijo mi profesor interesado, -¡Ah! no esas me agradan , es más una vez mi pie se llenó de sanguijuelas después de meterme a un rio en vacaciones  y no me causó temor, pero eso sí un día comí una ciruela verde y cuando llevaba la mitad, aparecieron gusanos amarillos en ella que me hicieron escupirla con rapidez y llorar de la desesperación, y hoy en día adivine cuál el la fruta que más odio después de ese suceso-

Los murmullos de mis compañeros se silenciaron, pensé que los demás se reirían, pero no, todos prestaron atención a mis palabras. Esa intención me dio más temor; que tal si un día por desquitarse de mi personalidad llenaban mi bolsa de caracoles, que tal si al comer espagueti de repente salía una lombriz larga que se escondiera entre mis alimentos o si una babosa caminaba lentamente sobre mi piel al tratar de tomar uno de mis cuadernos, me quedé helada.

-Pero ya lo superé - dije mintiendo-. El timbre resonó, la clase terminó y me fui pensando en cómo fui tan torpe para exponerme así en el aula. Me pregunté si debía dejar de ser tan arrogante y soberbia desees de este episodio, pero después me di cuenta que nadie iba a tener tanta astucia, inteligencia y sobre todo valentía para llenar mi bolsa de animales desagradables, porque en efecto se necesitaba valentía.

Al día siguiente el profesor mencionó que nuestras fobias se debían a algún episodio del pasado, algo que nos marcó y que llevamos arrastrando. Recordé el grande error que había cometido un día antes y me condené a no abrir más la boca. Empecé a recordar el porqué de mi miedo a las babosas, y me remonté al momento en que desde pequeña observaba como en la esquina de mi casa salían por un ligero agujero en el pavimento que había aparecido por el movimiento de la tierra, la banqueta estaba más elevada en un extremo derecho y hacia que existiera una elevación leve, que a lo lejos mostraba como si la acera se estuviera hundiendo.

Más de una vez los vecinos trataron de atender el problema, roseaban cloro, sosa, líquidos para plagas, otros tantos las llevaban de agua, mojándolas, inundándolas sin saber que favorecían su actividad, había otros que simplemente las aplastaban dejando en la acera la viscosidad de sus cuerpos húmedos y pegajosos, arrastrando sus pequeños cuerpos entre un color blanquecino grisáceo quedando la mitad en el piso y la otra en la suela del zapato. Nada las sacaba de ahí, ese agujero que de vez en cuando se llenaba de tierra, basura, cigarros y mugre en general era un perfecto nido para que ellas establecieran su hogar; sombrío, oscuro, húmedo, asqueroso.

Se llenaba de hojas y ramitas, trataron de quitar los arboles de alrededor echándoles agua caliente, secándolos, extrayendo las raíces para evitar esta plaga, pero un día observé como un vecino sacó un frasco de vidrio lleno de sal, la espacio por todo el resquicio y mágicamente las babosas se empezaron a retorcer. Pregunté sorprendida a mi madre por qué pasaba este suceso que me llenaba de horror y de felicidad a la vez, mi madre me dio una explicación vaga que hoy entiendo con mayor tecnicismo.

Su cuerpo esta constituido por agua en su mayoría por eso podemos observar a través de ellas blanquecinas, como gelatinas, se arrastra deja un rastro de agua sobre la tierra, caminan lento, se desplazan. La solución maravillosa a este hecho tan desagradable es la sal, al vaciarla encima se absorbe toda el agua hasta secarla y matarla de deshidratación.

Casi nada puede vivir con la sal, hay bacterias y microrganismos extremadamente resistentes que la soportan, sin embargo, la sal es tan mortal para la mayoría del organismo.

Echamos sal para conservar carne o pescado ya que esta hace que no se pudra, los alimentos congelados son grandes aliados de la sal, cual permite que las bacterias no desarrollen un ambiente amplio para cultivos por lo tanto no puedan desarrollar colonias. La osmosis es la que permite retirar el contenido acuoso de los alimentos, reduce el valor del agua por un debajo de un 0,60 aw (actividad de agua) lo que no permute crecer ningún organismo patógeno.

Desde que conocí sus propiedades soy amante de la sal, comúnmente busco un salero en todos los lugares a los que voy a comer y cuando asisto al pueblo de mi abuelo cargo dos otros costales de sal de grano, para sazonar mi comida igual puede que muera por grandes consumos de sal en mi cuerpo, pero me da igual, he notado que mis pies se hinchan y el doctor me empieza a recetar medicamento para dejar de retener líquidos, La tía  Techa siempre dice-, no es que le falte sal a la comida, es que ustedes comen mucha sal.- O mi madre antes de dar gracias en la mesa, menciona - pruébalo antes de echarle más sal., Te va a hacer daño-

Lo que no saben que me he convertido en un ser halófilo, un amante de la sal, mi sueño es conocer el mar muerto en Jordania. Se llama así porque el mar es nueve veces más salado que cualquier otro mar, este compuesto por cloruro de sodio y otros minerales en su totalidad que hacen que lo llamen literal “el mar de la sal”,

Se encuentra al norte de Israel, frete al mediterráneo, ahí en el antiguo puerto de Cesaría que Herodes el grande rey de Judea construyó hace más de 2000 años. Es el lugar más profundo de la superficie terrestre.  Quiero sumergir mi cuerpo en sus aguas, flotar como flota todo sin hundirme, sentirme libre, ahí es difícil hundirse de forma natural, la densidad del agua ejerce un empuje superior al nivel del mar lo que permite flotar sin ningún esfuerzo. Eso quiero hacer antes de morir, antes de que mi cuerpo empiece a descomponerse, empiece a hincharse, a secarse, a reducirse, a perder textura, empiece a quedarse sin oxígeno, a colapsarse, a decolorarse, a regirse, a contraerse, a relajarse, a llenarse de bacterias, de larvas, de gusanos, quiero nadar antes de conjuntarme con la tierra, antes de que mi ataúd se rompa y me combine con la tierra y conviva con lombrices, con caracoles, con babosas y con todo eso a lo en vida le temí.  Antes de enterrarme consérvenme en sal... escena terrible que hace poco modifiqué...

Hoy escribí mi testamento-  Si en vida no conozco el mar muerto, como última voluntad quiero que mis cenizas sean esparcidas ahí. -

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